Berlín, año 1961. Max, Otto y Anke, siempre juntos los tres, tienen todo un verano por delante y mil planes: jugar a las canicas, escupir a los barcos que pasan por debajo del puente de Moltke, remar por los canales del río Spree, hacer carreras en bici... Pero una mañana se levantan y todo ha cambiado. Hay un muro. Alto. Inexpugnable. Y Otto se ha quedado al otro lado.