Los años treinta fueron para Georges
Simenon un periodo fértil: entre 1931 y septiembre de 1939 escribió nada
menos que cuarenta y cuatro novelas a las que se ha calificado de «novelas
duras». El asesino, escrita en 1935, pertenece a esta época. Simenon, con su particular destreza y
hondura psicológica, nos sumerge en el monótono y claustrofóbico ambiente de
una pequeña y provinciana ciudad de Holanda, que verá perturbada su proverbial
tranquilidad por un vergonzoso doble asesinato.
La apacible y ordenada vida de Hans Kuperus, médico de profesión y vecino de la localidad de Sneek, sufre un duro golpe el día en
que, mediante una carta anónima, se entera de que su mujer, Alice, le engaña nada menos que con el
abogado Schutter, un aristócrata
vividor que, entre otras cosas, ha conseguido ser nombrado presidente de la
Academia de Billar, un honor que Kuperus
anhela desde hace tiempo. Un año después, el doble asesinato de Alice y Schutter conmociona la ciudad; además no hay sospechosos, ni
pistas, ni pruebas fehacientes... Hans,
manchado ya su honor, toma como amante a Neel,
la criada, e intenta seguir con su vida rutinaria, sus visitas al café Onder de
Linde, su consulta, la relación con sus amigos. Será la asfixiante atmósfera
creada por los habitantes de la ciudad la que de hecho acabará acorralando al
asesino, quien, sin percibirlo, irá poco a poco delatándose.