Mi padre y yo llevábamos años distanciados. Pero, como soy su único pariente vivo, no ha sido ninguna sorpresa que al morir me dejara en herencia su inmenso rancho ganadero. ¿Qué es lo que sí me ha sorprendido? La condición de su testamento en la que me obliga a vivir en el rancho y administrarlo activamente durante un año entero si quiero acceder al dinero de mi herencia. No he vuelto a poner un pie en Hartsville, Texas, un pueblo de mil habitantes, desde que mis padres se separaron cuando yo tenía seis años. Después de convertirme en una chica de ciudad de la cabeza a los pies, nunca imaginé que tendría que volver a territorio cowboy. Pero necesito el dinero para invertirlo en mi empresa. Solo hay un gigantesco obstáculo que podría frustrar mis planes: el que lleva el rancho, un vaquero gruñón llamado Cash Rivers. Me da igual lo bien que le queden los Wranglers. Es un maleducado y quiere que me vaya. Lo despediría de inmediato, pero necesito que ese cowboy me enseñe los entresijos de cómo llevar una vida aquí. Somos enemigos desde el principio, pero resulta