Un hombre
cualquiera mata un día a su mujer en un arrebato de pasión. En principio, le
acogen con simpatía los psicoterapeutas que las instituciones judiciales le
adjudican para «ayudarle». Pero nadie, y ellos aún menos, podrá vencer la
presión de una sociedad que niega la responsabilidad individual, que niega a
ese hombre la verdad de sus emociones, su integridad, que procura borrar en él
toda memoria. Despojado de las bases mismas de su existencia, el hombre va
enloqueciendo en su frustrado intento de probar a los que supuestamente le
ayudan que sí es culpable, que sí se
hace responsable de sus actos. Acogida como «una historia en la tradición de
Swift u Orwell», esta estremecedora novela, cuya tirada ascendió, en un país
tan pequeño como Dinamarca, a más de
60.000 ejemplares, describe cómo una sociedad, cuando institucionaliza su
lucidez individual, se distancia cada vez más del verdadero sentir del ser
humano.