Una anciana repasa su vida con ironía y sentido del humor mientras cuida del torpe de su cuñado y de su hermana enferma.«Hay en la literatura de Isabel Bono mucho veneno, veneno del bueno.» Fernando Aramburu
«Escribe con una valentía que es inusual.» Iñaki Ezkerra, El Correo
Recién cumplidos los ochenta y tres años, Noelia se pregunta si alguien habrá soñado con ella alguna vez. Ha llegado a la vejez sin pareja ni hijos, y tiene un reducido círculo de amigos. No cree en ningún dios, pero los jueves se confiesa con don Marcos, amigo y capellán del colegio donde fue maestra. Vivir sin certezas tiene sus ventajas. Unas veces decide llamarse Noelia y otras Adelfa. De sus sobrinos dice que son sus nietos, y pone motes a sus vecinos porque no sabe ni le importa cómo se llaman. Su vida era perfecta y no lo sabía... Se da cuenta ahora, cuando tiene que cuidar a su hermana y a su cuñado, demasiado ancianos para ser autónomos. Mientras chatea algunas noches con otro profesor también jubilado y observa la vida de los demás, Noelia recuerda con humor la suya. El mal de la risa habla de lo poco que sabemos de quienes nos rodean, y examina con ironía esa fantasía que es la familia perfecta.