"En los años sesenta, Gonzalo Suárez era en España un verdadero friki, un aerolito sin control, un raro absoluto que escribía una narrativa que nadie escribía y que con el paso del tiempo todos acabamos escribiendo. Suárez rompió con el realismo cuando el realismo reinaba: hizo literatura fantástica cuando casi nadie la hacía, hizo novela policíaca cuando era reaccionario o pueril hacerla, hizo metaliteratura cuando nadie sabía lo que era la metaliteratura, hizo narrativa pop cuando el pop solo era un estilo pictórico, y nuevo periodismo cuando los nuevos periodistas estadounidenses aún no habían bautizado el invento; hizo, en fin, cosas que algunos han hecho veinte o treinta o cuarenta o cincuenta años más tarde creyendo que nadie las había hecho antes, cosas que en la cultura de entonces eran insólitas y ahora son normales, como citar en una misma frase los nombres venerables de Di Stefano y James Joyce. Suárez no fue solo pionero con su literatura; también lo fue con su cine, con el que hizo a finales de los sesenta lo que Quentin Tarantino o Pedro Almodóvar tardarían décadas en"