Detente un instante. Quita de la ecuación lo que haces, lo que tienes y la historia que te cuentas sobre ti. Mira qué queda cuando ya no te sostienes en roles, logros o expectativas. No aparece un vacío, sino una pregunta silenciosa: si tu vida tiene fundamento o si simplemente avanza, empujada por la inercia. Observa desde dónde surge esa pregunta. Más allá del cuerpo que cuidas, de la mente que piensa y de las emociones que te atraviesan, hay algo en ti que busca coherencia, profundidad y orientación. No se satisface con el éxito, el reconocimiento o la acumulación. Cuando se ignora, aparece el vacío; cuando se confunde, surge la insatisfacción; cuando se atiende, comienza el equilibrio. No es religión ni creencia. Surge de un lugar más profundo y desconocido: la dimensión espiritual, la más olvidada en una sociedad centrada en el hacer, el tener y el aparentar. Su ausencia ayuda a comprender buena parte del malestar contemporáneo y la proliferación de sustitutos que prometen plenitud sin ofrecerla. Estas páginas ayudan a reconocer esa dimensión, a comprender por qué ha quedado relegada y a reconectar