Dani llega a un nuevo instituto de La Alberca con las heridas aún abiertas. Mientras intenta encontrar su sitio en un entorno que aún escupe odio, conoce a Darío, un chico recién llegado con una sonrisa desarmante, un croptop sin complejos y una silla de ruedas que no define ni la mitad de lo que es. Juntos descubren lo que ocurre cuando alguien te mira y no te juzga, cuando puedes hablar sin disfrazarte, cuando un gesto sencillo puede sostenerte en los días más oscuros.