Jesús de Malverde, santo de Culiacán. Todos los narcos -y muchos que no lo son- le rezan antes de iniciar un trabajo arriesgado. Un santo al que gentes de todo México veneran y rezan. Su devoción crece cada día. Eligio González fue el primero en cuidar la imagen y construir su capilla. Prometió servir hasta el final el ánima generosa de Malverde, en agradecimiento por la milagrosa salvación de su vida.
La ciudad de Culiacán (México) se considera el centro
del narco. Se encuentra ligada a los caminos que conducen a la Sierra Madre,
donde la siembra de marihuana y amapola constituye la principal actividad de los
serranos. En este mundo, aparece una figura singular adorada por el pueblo:
Jesús de Malverde, santo de Culiacán. Todos los narcos -y muchos que no lo son-
le rezan antes de iniciar un trabajo arriesgado. Un santo al que gentes de todo
México veneran y rezan. Su devoción crece cada día. Eligio González fue el
primero en cuidar la imagen y construir su capilla. Prometió servir hasta el
final el ánima generosa de Malverde, en agradecimiento por la milagrosa
salvación de su vida. Gentes del pueblo, enterándose del "milagro", fueron
guiando su fe hacia el ánima milagrosa de Malverde. ¿Tendría un pacto con el
diablo?