"Durante siglos, en nombre del progreso hemos arrasado ciudades, allanado montañas y cartografiado el planeta. Hemos creído que avanzar significaba dominar la naturaleza, aumentar la producción, conquistar nuevos territorios y acumular conocimiento. Sin embargo, esa narrativa de mejora infinita ha sido también la más destructiva: ha justificado genocidios, esclavitudes, conquistas y ecocidios. La fe casi religiosa en el progreso ha puesto en peligro la continuidad de nuestra civilización.