Los hermanos JACOB Y WILHELM GRIMM ocupan un lugar singular en la historia de la literatura. Son, probablemente, los recopiladores más célebres que han existido jamás, y su nombre ha quedado unido a los cuentos con tanta fuerza que, a menudo, olvidamos el hecho esencial de que la inmensa mayoría de esas historias no les pertenecían. Ellos no inventaron a Blancanieves ni a Cenicienta, no imaginaron a los músicos de Bremen, al rey sapo o a Hänsel y Gretel. Su trabajo consistió en algo mucho más extraordinario: escucharon, reunieron, compararon, ordenaron, corrigieron y reescribieron un inmenso caudal de narraciones populares en un momento en que nadie podía prever la influencia que acabarían ejerciendo sobre la literatura universal. Hoy cuesta imaginar un mundo sin Caperucita Roja o la Bella Durmiente, personajes que han alcanzado una presencia tan constante en nuestro imaginario que casi parecen existir al margen de la historia. Su familiaridad es tan absoluta que rara vez nos detenemos a preguntarnos de dónde proceden realmente. Los conocemos tanto que hemos dejado de mirarlos. Esta edición íntegra d