Venecia, 1729. Una presencia oscura e inquietante se esconde en sus calles. Al amanecer de un tórrido día de verano, el cuerpo sin vida de un hombre aparece en el Puente de las Agujas. Una nota sujeta con un estilete clavado en el pecho del cadáver lleva inscrita una sola palabra: «Canaletto». En el cuello, dos heridas demasiado irregulares para ser causadas por un arma blanca sugieren más bien una mordedura de animal, pero ¿qué animal podría dejar tales marcas? Mientras Canaletto intenta esclarecer el misterio, se declara un terrible incendio, en el que pierde la vida alguien muy cercano al pintor, y que parece llevar la firma inconfundible de una persona a quien Canaletto conoce bien y que parece haber regresado del pasado para derramar más sangre en la ciudad.