"Las familias perfectas no existen, porque no están formadas por seres de luz sino por personas, complejas y falibles. Y aunque el amor esté muy presente, también lo están las inercias, los silencios y las expectativas que, sin querer, nos moldean. Nuestros padres seguramente hicieron lo mejor que pudieron, pero eso no impidió que nos transmitieran patrones, creencias y formas de estar en el mundo que, ya de adultos, siguen condicionando lo que hacemos, evitamos o esperamos? aunque sea sin darnos cuenta. Ese «equipaje» invisible puede mantenernos atrapados en versiones antiguas de nosotros mismos y aparecer en nuestras relaciones, decisiones cotidianas, emociones y en una autoimagen construida más sobre lo que fuimos para otros que sobre lo que realmente somos.